Estoy completamente convencido que alguna vez te has planteado esta pregunta. Y si nunca lo has hecho, hoy es el día para hacértela.

Seguro que empezarás a poner en tela de juicio muchas cosas de tu vida, que haces, simplemente, por inercia. Posiblemente, lleves meses o incluso años, levantándote para ir a trabajar a un lugar, del que ya no recuerdas siquiera si te eligieron a ti o si fuiste tú quien los eligió a ellos. Si acabaste allí porque era lo que querías en ese momento, o porque no te quedaba otra. Si continuas allí, porque de verdad quieres continuar allí, o porque, sencillamente, es lo más fácil. Pero no lo mejor.

¿Fronteras? Nunca he visto una, pero he oído que existen en la mente de algunas personas. Thor Heyerdalh.

Te pongo en situación.

El fin de semana está al caer. Por fin llega el momento de disfrutar de tu tiempo. Esa porción de tiempo, que cada semana, dedicas exclusivamente para ti. Esa parte de tu vida, por la que hipotecas y sacrificas el resto, para poder disfrutarla de la mejor manera posible.

Pero llega el fin de semana, si eres de los afortunados, que lo tienen libre al completo, y ocurre una y otra vez la misma situación. Estás cansado, agotado, desmotivado o hasta los c… de una semana mortal de trabajo y lo único que te apetece es quedarte en el sofá de casa.

Peor aún, no es lo que te apetece, porque en el fondo, quieres aprovechar tu tiempo libre y hacer las cosas que te gustan. Hacer aquello que llevas semanas pensando, algo nuevo que calme tus deseos novedosos o que alimente tus experiencias personales. Pero tu cuerpo te repite una y otra vez:

“¡amigo!, dile a tu cabecita que no vamos a ningún sitio porque yo no pienso poner en marcha los músculos de tus piernas.”

Finalmente, dedicas todo tu esfuerzo a tu trabajo durante la semana. Y cuando tienes tiempo para ti, para hacer aquello que has soñado durante días, a veces, tienes que resignarte y declinarte por ver la vida pasar desde tu ventana.

“No hay problema, en 5 días volverás con otra tentativa. Y ésta, sí será la definitiva”.

Es lo que siempre te acabas repitiendo.

La infancia y todo lo que hacías por primera vez

Todavía recuerdo cuando era niño y hacía cosas nuevas por primera vez muy a menudo. La sensación de ir aprendiendo algo novedoso para mí era increíble. No había nada que se resistiera a una mente inquieta y a las ganas que todos los amigos teníamos siempre de explorar. Éramos pequeños aventureros, y estábamos dispuestos a vivir experiencias que alimentaran ese deseo.

Con el paso de los años, la educación que vamos recibiendo y la sociedad en la que vivimos, se nos van cortando las alas. No quiero entrar a discutir sobre esto, porque daría para llenar un libro. No es lo que persigo escribiendo este artículo.

Sólo quería hacer una reflexión para recordarte como eras de pequeño, como te apasionaba y te llenaba de vida el hacer cosas nuevas, cosas diferentes, fáciles o difíciles, mejores o peores, pero distintas. Y como con el paso de los años, conforme nos vamos haciendo adolescentes, jóvenes y adultos, esta tendencia acaba cambiando. Y terminamos llevando una vida rutinaria y a veces, sin sentido.

¿Por qué te pasa esto? ¿Quién es el culpable de que sea así?

No, no es la educación que recibimos, ni la sociedad en la que vivimos. Esa es la respuesta fácil. Y poseen una gran influencia, no te lo niego. Pero, eres tú, tú mismo quien puede y debe elegir su camino.

La pérdida de noción de tu tiempo

Queda claro que el tiempo es nuestro bien más preciado. Pero el tiempo anda íntimamente relacionado, por suerte o por desgracia, con el dinero. Y no podemos hablar del uno sin el otro. En la mayoría de las situaciones, la ecuación es sencilla:

“Cuando tengo más tiempo, tengo menos dinero, y cuando tengo más dinero, tengo menos tiempo”.

Lo que se puede deducir de esta afirmación, es que, para poder tener el tiempo libre que quieres y hacer las cosas que te gustan necesitas dinero. Y por consecuencia, necesitas trabajar durante toda la semana, para satisfacer tus necesidades.

El problema viene aquí. Cuando hablamos de satisfacer tus necesidades. Y no tienes muy claro el por qué de invertir todo ese tiempo.

Muchas personas trabajan porque tienen que pagar facturas. Y no tienen más remedio que intercambiar su tiempo por dinero para saldar cuentas. No importa la clase social o el nivel adquisitivo. Veo los mismos casos en gente con grandes fortunas que en gente con sueldos muy escasos. No hay distinción entre un alto ejecutivo o un trabajador poco cualificado. La situación se repite y todos ellos viven hipotecados. No solo en dinero, sino, lo que es más importante, en tiempo.

Lo verdaderamente valioso, lo que te hace alcanzar tu mejor versión, deja de ser una prioridad y acaba siendo un sueño olvidado. No has puesto un objetivo claro a tus necesidades, a esas que hace tiempo, impulsaban tus ganas de aprender, formarte, y encontrar un buen trabajo, que te diera la oportunidad de intercambiar dinero por tu tiempo.

Ha dejado de ser importante en tu vida, y ha sucedido sin prestarle la más mínima atención. Has dejado de ser el dueño de tu tiempo, has dejado de conquistar el mundo de tus sueños. Has renunciado a tu libertad.

El acercamiento a tu libertad

Ser libre no significa solamente elegir aquello en lo que quieres emplear el tiempo de ocio del que dispones cuando termina tu jornada laboral. No es, simplemente, elegir el destino de vacaciones, cuando las disfrutas una vez al año, como mucho, durante 30 días. Y estamos hablando de que seas super afortunado, porque, muchas personas, tienen 15 días o únicamente una semana.

Ser libre lleva otras connotaciones más importantes, y también asociada la palabra “miedo”.

Hemos sido automatizados para entender la libertad como pequeñas raciones o dosis impuestas por otros, cómo y cuándo les interesa. Programados para intercambiar nuestro tiempo por dinero, y poder emplearlo realmente en lo que queremos solo muy poquitas veces, y en pequeños intervalos. Hemos sido amaestrados para gastar, el resto, en pagar nuestras facturas y seguir alimentando el círculo vicioso.

Aprendido a conformarnos, agachar la cabeza, y asumir que ese camino es el único. Nos han robado esas ganas de vivir cosas nuevas por primera vez, aprender o hacer algo novedoso y sentirnos grandes aventureros. Cómo hacíamos con nuestros amigos cuando éramos pequeños y nos sentíamos exploradores.

¿Lo recuerdas, verdad?

Necesitas retomar las riendas de tu vida. Comenzar un nuevo acercamiento a tu propia libertad. Necesitas volver a ser aquel niño que hacía cosas por primera vez con frecuencia. Y que sentía que su vida tenía sentido, porque disfrutaba con las experiencias que vivía.

No sé cual será la forma más adecuada para ti, pero tienes que empezar a buscarla. La libertad puede revelarse de múltiples maneras; un libro, un viaje, conocer a una persona, vivir una experiencia impactante. Sea la que fuere, será una experiencia reveladora que te acerque a conocerte mejor a ti mismo y a verte desde una perspectiva totalmente diferente.

El miedo a ser libre

No me olvido del miedo. Es más, no quiero hablar solo de miedo, sino de inseguridad, y de desconocimiento. Igualmente que la relación con nuestra libertad nos ha sido impuesta, el miedo a tomar otro camino se palpa evidente.

Todo lo que sea salirte del sendero marcado y trazar uno nuevo, es más arriesgado. No hay un plan trazado, ni un manual de instrucciones, que explique todo lo que te vas a encontrar y cómo solventarlo. Pero es ahí, donde radica tu libertad, y donde de verdad te acercas a vivir experiencias emocionantes, como cuando eras niño. Tampoco conocías el resultado, pero te encantaba ir a descubrirlo.

No te das cuenta, pero estamos expuestos a situaciones inseguras y desconocidas para todos diariamente. Situaciones con menor impacto y a menor escala, pero situaciones con un aprendizaje similar. La gran diferencia, que se dan, dentro de tu zona de confort.

Salirte de ésta, es lo que te produce miedo, inseguridad, incertidumbre. Pero si vuelves la vista atrás, encontrarás innumerables ejemplos de cómo anteriormente saliste airoso de situaciones fuera de tu zona de confort, que con el paso del tiempo, y tu adaptación, se han convertido en un medio nada hostil para ti.

  • El primer día en tu nuevo trabajo.
  • Una nueva tarea, actividad o proyecto a incorporar a tu lista de tareas laborales.
  • Un imprevisto a lo largo de tu día a día que te ha hecho trastocar todos tus planes.
  • Una reunión laboral con gente desconocida.
  • Un evento familiar o con amigos donde asisten muchas otras personas.
  • Empezar a hacer ejercicio físico o superar algún reto deportivo.

Hacer algo nuevo por primera vez, esté o no dentro del camino marcado, en ambos casos, te generará las mismas sensaciones. Te sentirás libre porque estarás alimentando tu lado más salvaje, aventurero, satisfaciendo tus deseos de libertad y de vivir experiencias emocionantes.

Pero hay más. Libre no significa única y exclusivamente dejarlo todo, romper con aquello que ya tienes establecido. No tiene por qué. Hay formas y formas de ser libre. Y no todas se manifiestan con un punto y aparte. Aquí es donde entra en juego tu valoración más personal de ti mismo.

Creer en ti mismo

Antes te he comentado lo que significa ser libre. Y como de una manera u otra, con el paso de los años, y la llegada de la vida adulta, esta libertad puede ir desapareciendo. No hacía referencia únicamente a conformarnos y a seguir el camino marcado, sino, a ser tú y creer en ti mismo escojas el camino que escojas, haciendo un punto y aparte, o por el contrario, un punto y seguido.

No todos somos iguales, no todos necesitamos los mismos alicientes, y no todo el mundo tiene por qué desencajar con el sistema tradicional. Todas las soluciones no se encuentran en la misma dirección, cada uno, debe elegir su camino a seguir.

Pero sí tienes que tener claro que nada ni nadie puede condicionar tu pensamiento, tu forma de ser. Y nadie debe cortar tus alas. Nuestro cerebro prefiere la comodidad al estado de alerta, y es cuando caemos en esa comodidad, cuando dejamos de ser nosotros mismos, y de querer hacer cosas por primera vez.

Lo que quiero transmitirte con esto, es que no hay que olvidar que ese estado de alerta, es el que puede traerte nuevas oportunidades. Estar atento a ellas, al acecho, tener esa iniciativa necesaria para abrirte nuevas puertas y aprovechar tu potencial. No necesitas ser ese tipo de persona que sabe crear las oportunidades poniendo cualquier situación a su favor, sino, simplemente, la persona que pueda aprovecharlas.

Tu camino a seguir

La semana pasada leí el año en que conseguí la libertad. Historia de un pequeño emprendedor, y me pareció muy ilustrativo. El autor invitado explica cómo una frase lo cambió todo para él. Quería irse a aprender inglés a Reino Unido, pero le asaltaban mil dudas, y no encontraba a nadie, que pudiera irse con él. Hablando con un amigo llegó a preguntarle:

“¿Cómo me voy a ir solo?”. A lo que su amigo respondió:

“Te estás haciendo la pregunta equivocada. Deberías preguntarte cómo no te vas a ir solo“.

Nada ni nadie debe frenarte a la hora de irte a algún sitio, tampoco debe frenarte a la hora de tomar tus propias decisiones. En definitiva, de elegir tu camino.

Prácticamente todo el mundo, intentará hacer de tu particular ángel de la guarda, evitar que te salgas del camino marcado y que seas la manzana podrida. Porque una vez tomes ese camino, muchos serán los peligros y las decepciones que te encontrarás a su paso.

Precisamente, todas esas personas, nunca han tomado la opción alternativa. Siempre han mantenido la cabeza agachada, se han conformado y han asumido lo que hacen, como único. Abandonando su sed de nuevas experiencias cuando abandonaron su niñez.

Pero siempre tendrán los mejores consejos. Consejos sabios sobre algo que desconocen. Algo que nunca se han atrevido a vivir pero de lo que pueden opinar sabiamente. ¿Menuda contradicción?

Si quieres saber como yo mismo renuncié a mi trabajo de oficina para perseguir mis sueños, te invito a que leas el artículo.

Sino trata de esto la vida, ¿de qué trata entonces? Simplemente, de escoger tu camino. E intentar que se ciña al máximo al sueño de vida que tienes y que quieres vivir.

¿Situación idílica o alcanzable?

No me olvido que todo esto puede sonar idílico, y que es muy fácil hablar de ello cuando lo tienes todo a tu favor. O cuando lo has logrado. Pero no es mi caso. No lo he logrado, y no lo tengo todo a mi favor. Aunque desde hace ya algún tiempo tengo algo muy claro:

Visualizo el estilo de vida que quiero tener y cada vez que tengo que tomar una decisión importante, me paro a pensar si llevarla a cabo o no, me acercará a cumplir o no los objetivos que tengo”. 

Sin compromiso, dedicación y constancia, los resultados no llegan. Que no te engañen, o no te engañes tú mismo. Como te he dicho antes, si no eres capaz de crear las oportunidades y ponerlas a tu favor, aprende a reconocerlas e intenta aprovecharlas.

No hay un camino sencillo o fácil. Seguramente, para lograr alcanzar tu libertad, para seguir haciendo cosas por primera vez, tendrás que hipotecar tu tiempo a cambio de dinero. Situaciones que perjudican tu relación con el tiempo y tu relación con la libertad. Pero, teniendo muy claro, que es tu propia decisión, que eres el dueño de tu tiempo y que son las herramientas necesarias para llegar al punto que quieres llegar.

Conclusiones

Hoy en día las oportunidades brillan por su ausencia. Eso es lo que pensamos o lo que nos han hecho pensar. Pero todos podemos hacer algo nueva por primera vez; innovar en el trabajo, empezar a practicar un deporte nuevo, mejoras nuestro conocimiento o nuestras habilidades, buscar nuevas oportunidades laborales en sectores distintos, etc.

Cada día al levantarte, tienes dos opciones. La primera de ellas es salir de la cama con la misma mentalidad que el día anterior. Con la cabeza gacha, actitud conformista y confiando en qué las cosas cambiarán por sí solas, porque simplemente, te lo mereces.

Y la segunda, es hacer clic y actuar diferente. Teniendo el coraje suficiente de reconocer que las cosas cambian, si tú cambias la forma de comportarte, la forma de pensar, y sobre todo, la forma de actuar. Para que todo a tu alrededor cambie, tienes que empezar a verlo desde una perspectiva diferente.

Enfrentarte a algo novedoso, genera miedo, inseguridad e incertidumbre, pero te trae los mayores aprendizajes. Te acerca a la mejor versión de ti mismo, te hace ver lo vulnerable que eres, pero también, lo único y especial que puedes llegar a ser.

Nunca dejes de luchar por tus sueños, no desistas por difícil que te parezca la situación en la que te encuentras. Hay posibilidades y oportunidades donde menos te lo esperas. Sólo hay que estar al acecho, activar el modo alerta y salir a por ellas.

Como cuando eras pequeño, te ponías el traje de explorador e ibas en busca de aventuras, sin importarte el resultado, porque, en aquel entonces, todo lo que hacías por primera vez, tenía unas consecuencias increíbles. Y si te das cuenta, siempre las seguirá teniendo.


¡Ahora es tu turno!

  • ¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez? ¿Empleas tu tiempo para llegar a los objetivos que te has propuesto?
  • ¿Sientes que has perdido esa libertad y te conformas con el camino marcado? ¿Sigues tu propio camino?

¡Te espero en los comentarios! Estoy totalmente comprometido y leeré y contestaré cada uno de ellos.

Me servirán para saber si lo que estoy escribiendo puede o no aportar valor. Es muy valioso para mí y para seguir apostando fuerte por este proyecto.

Si te ha gustado el artículo, te invito a compartirlo en las redes sociales, para poder inspirar y motivar a muchas otras personas.

¡Un fuerte abrazo! Nos vemos cruzando nuestros propios caminos. 😉

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